Manejando dinero. Segunda Parte.

Después de la pequeña pausa "navideña", aquí está la segunda parte de una historia aún inconclusa.

2.-Santander, mi cuenta.

Luego de caminar nerviosamente con mi dinero en efectivo las dos casas que separaban los bancos y una corta fila, hice el depósito del dinero que tenía que enviar a Noruega a mi cuenta de Santander. "Por fin," pensé "ya me libré de este tedioso trámite". Estaba tan equivocado como los que decían que la tierra era plana.

Hablé con uno de los ejecutivos, y la conversación fue más o menos así:
-Disculpe, cómo puedo realizar una transferencia a un banco en Noruega?
-Su cuenta es de aquí?
-De aquí? Sí, es de Santander.
-Pero cuál es su sucursal titular?
-Mi qué?
El ejecutivo me pidió entonces mi tarjeta y algo metió en su computadora, porque a los pocos segundos me dijo:
-Su sucursal titular queda en el D.F.-dijo, dándome en un papel la dirección del banco.
(Pausa, la cuenta en la que deposité el dinero estaba abierta en el D.F. y eso es otra larga historia que ahorita no viene a cuento)
-Bueno, y cómo se hace la transferencia?
-Sólo puede hacerla de ese banco.

Mi cara de decepción para nada desmotivó al ejecutivo mientras hacía pasar al siguiente cliente y yo me retiraba, derrotado, a uno de los sillones de espera para pensar mi siguiente jugada.
Tenía dos opciones. La primera era volver a sacar el dinero y depositarlo en una cuenta que sí había sido abierta en Guanajuato, lo cual según me explicó el ejecutivo, tenía un costo.
La segunda, era aprovechar que de hecho ese día salía yo para el D.F. y hacer la transferencia antes de ir a la embajada.

Tomé la segunda opción. Al día siguiente, fui al susodicho banco. Me atendió un joven sólo unos pocos años mayor que yo el cual tenía menos idea que yo de cómo realizar una transferencia internacional. Una de sus compañeras de ventanillas lo empezó a ayudar y decirle cómo tenía que hacerle. Ellos eran los dos únicos atendiendo, así que una gran fila de personas enojadas empezó a acumularse detrás de mí. Me preguntaron varios datos, y la fatídica pregunta fue: nombre del dueño de la cuenta? Yo saqué el papelito de los datos que me había dado la escuela de Bergen. De nuevo, había dos opciones de las cuales no sabía cuál elegir. Literalmente decía:


Account owner:  Studentsamskipnaden i Bergen


Pero más abajo decía:


The money must be deposited in the student’s own name.


Por supuesto, le hice caso a lo subrayado, que se veía más imponente y deposité a mi mismo nombre, porque al fin y al cabo se suponía que ese dinero no dejaba jamás de ser mío. El banco me dio unos comprobantes y yo feliz (pero más felices los que estaban esperando detrás de mí), fui a dejar mis papeles en la embajada, la cual, por cierto, sólo los recibió, sin hacer preguntas.

Felizmente regresé a Guanajuato a continuar con las penurias que representan los días finales de semestre. Pocos días después, por un mal presentimiento, revisé mi cuenta de banco, y mi dinero seguía ahí. La transferencia había rebotado! Tonto de mí, había tenido que poner el otro nombre. Sin embargo, cuando terminé de verificar que éste había sido el error y no otro, ya me encontraba en Morelia, y tenía de nueva cuenta dos opciones. Ir al D.F. a hacer de nuevo el depósito o transferirlo electrónicamente a una cuenta de banamex que tiene mi mamá. La segunda no involucraba gastos extra, así que la tomé. Esto fue otro error...

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